Nuestra oferta educativa se desarrolla a partir de los siguientes principios
«El niño tiene derecho a recibir educación,
que será gratuita y obligatoria, al
menos en las etapas fundamentales, que
favorezca su cultura general y le permita
desarrollar en igualdad de oportunidades
sus aptitudes, su juicio individual y su
sentido de responsabilidad moral y social,
y llegar a ser un miempo útil a la sociedad
». («Derechos del Niño», 7. ONU,
1959).
«Puesto que los padres han dado la vida
a los hijos, tienen la gravísima obligación
de educar la prole y, por tanto, hay que
reconocerlos como los primeros y principales
educadores de sus hijos... Es necesario
que gocen de absoluta libertad en la
elección de las escuelas». (Declaración
«Gravissimum Educationis», 3; 6).
«El derecho a la libertad de enseñanza
implica la obligación de los Estados
miempos de hacer posible el ejercicio
práctico de este derecho, incluso en el
aspecto económico, y de conceder a los
CENTROS las subvenciones públicas
necesarias para el ejercicio de su misión y
el cumplimiento de sus obligaciones en
condiciones iguales a las que disfrutan los
correspondientes CENTROS PÚBLICOS,
sin discriminación respecto a las Entidades
Titulares, los Padres, los Alumnos o el
Personal». (Resolución LUSTER sope la
libertad y la enseñanza, 1984).
«La presencia de la Iglesia en el campo
escolar se manifiesta especialmente por
la escuela católica... Su nota distintiva es
crear un ambiente en la comunidad escolar
animado por el espíritu evangélico de
libertad y de caridad, ayudar a los adolescentes
para que en el desarrollo de la
propia persona crezcan a un tiempo
según la nueva criatura que han sido
hechos por el bautismo y ordenar, finalmente,
toda la cultura humana según el
mensaje de la salvación, de suerte que
quede iluminado por la fe el conocimiento
que los alumnos van adquiriendo
del mundo, de la vida y del hombre».
(Declaración «Gravissimum Educationis»,
8. Vaticano II).
«La escuela es una gran familia en la
que el diálogo, la interacción y el comportamiento
se constituyen en elementos
connaturales del proceso educativo. La
meta no es la información-conocimiento,
sino la formación-sabiduría. No la transmisión
de ideas como datos, sino la oferta y
promoción de ideales como actitudes»
(San Agustín).
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